Friday, July 10, 2009

La comida



La prueba de comida fue un placer, no sólo por la comida sino por la compañía. Desafortunadamente los padres de Juan viajaron en esos días entonces tenía cuatro cupos libres para almorzar donde Doña Bola (doña Guadalupe porque no tengo tanta confianza). Ella me mostró los manteles y las mesas, yo quería una sola mesa larga porque quería que todos estuvieran en contacto, no quería esos matrimonios gigantes donde muchas veces uno entra, se toma la foto con la pareja, come, baila y se devuelve. (aunque uno de los 200 invitados pudo sentirse así, esperemos que no lea esto). El espacio fue precioso, tenía un gran arbol de nuez indio, con otros árboles que no reconocí, el piso era en piedra y bueno, no estaba segura que las mesas redondas separadas cupieran, pero como comenté anteriormente, todo absolutamente todo resultó ese día. El espacio fue perfecto y los colores, que tenía mis dudas, lucieron como nunca. Quedaron mesas separadas pero estabamos lo suficientemente cerca para vernos las caras todos y charlar. Bueno....Doña Bola, si. A la prueba me acompañó la familia colombiana que hicimos en Querétaro, empezando por Camilo, cabeza de la familia de Alfredo y Mari, y don Andrés, dos distinguidísimos personajes que supieron aprovechar una batería y un micrófono que encontraron ese día en el lugar. Comimos como si estuvieramos en una junta, cada uno llenó un papelito con sus conceptos de la servilleta, el mantel, la mesa, los platos, el número de vasos, la entrada, la crema, el plato fuerte, las bebidas, en fin, cosas que la verdad no sería capaz de decidir por lo chistoso que me parece. Tras una seria discusión, oí sus concejos (consejos..? %$$ palabra, siempre tengo problemas...) y decidí tras una noche de cavilar. El almuerzo en San Miguel ese lunes, antes de la boda, fue un banquete.

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